Referentes en servicios globales de construcción e inmobiliarios

Para quien no tuvo ocasión de comprar casa durante los años de la crisis, tras el “pinchazo de la burbuja” inmobiliaria, adquirir una vivienda ahora resulta cada vez más caro. Los precios empezaron a remontar en abril de 2016 y la subida fue del 4,3% durante el último trimestre de 2017, en relación al mismo periodo del año anterior, según datos de la Sociedad de Tasación. Fue el mayor incremento desde 2007.

Eso no significa que la compraventa se haya frenado. Al contrario: subió un 23,1% en enero, respecto al año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística, el periodo más activo desde mayo de 2008. En lo que va de 2018 se ha moderado, pero sigue creciendo a buen ritmo.

Junto al impulso de grandes fondos de inversión internacionales que han dinamizado de nuevo el mercado inmobiliario en España tras casi una década de parón, el factor psicológico anima a la demanda. Muchas personas que se estaban planteando comprar su primera casa o cambiar de vivienda agilizan su decisión ante el temor de que se mantenga la escalada de precios y tengan que pagar bastante más dentro de algunos meses.

A ellos se suman quienes pueden permitirse afrontar esa compra como una inversión, confiando en que la subida de la vivienda se va a mantener durante bastante tiempo. Generalmente, lo hacen para lograr rentas a través de su alquiler, un mercado que también registra un progresivo aumento de precios; especialmente en las grandes ciudades. De hecho, las grandes fortunas españolas dedican el 16,8% de sus inversiones a bienes inmuebles, según un análisis de Capgemini.

 

Condicionantes principales

El precio, número de habitaciones y ubicación son los aspectos más relevantes para el comprador, señala el informe “Experiencia de compra y venta en el último año”, que publicó Fotocasa en enero de 2018.

En cuanto a la ubicación, la consultora Knight Frank matiza que el comprador más habitual da prioridad a su barrio de toda la vida o la zona en donde residía, que ya conoce y le gusta.

Las comunidades autónomas que acaparan un mayor volumen de venta de viviendas son, por este orden, Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña y Madrid, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) referidos a enero de 2018. Al limitar la compra a la primera vivienda, Cataluña y Comunidad de Madrid se sitúan en cabeza, según el portal Fotocasa.

 

Para llevarte a vivir

Buscando el “retrato robot” del comprador actual de obra nueva en España, tiene entre 35 y 45 años, busca una vivienda de tres dormitorios, dispone de hasta 300.000 euros, y va a cambiar de casa con su familia a una mayor o de mejores calidades, según el informe “El perfil del comprador de vivienda 2017”, de ST Sociedad de Tasación.

En el reciente salón inmobiliario SIMA 2018 se confirmaron estos datos. Durante el certamen, las personas entre 36 y 45 años supusieron el 34% de los interesados. El 81% asistió con la idea de comprar su primera casa, frente al 15% que buscaban una segunda vivienda o inmuebles para invertir.

Buscaban, mayoritariamente, pisos en edificios (85%), frente a un 15% que preferían chalets o adosados. El tamaño más demandado fue de tres dormitorios (57%), seguido de dos (24%) y de cuatro (15%). Los extremos tuvieron menos compradores potenciales: el 3% estaban interesados en apartamentos de un solo dormitorio y sólo el 1% en viviendas con más de cuatro dormitorios.

En cuanto al presupuesto, el 28% de los visitantes de SIMA disponían de menos de 180.000 euros, otro 28% pensaban gastar menos de 300.000 euros; y el 13%, entre 300.000/350.000. Apenas el 1% de los asistentes contaban con más de 750.000 euros.

Pero no siempre coinciden los deseos de los compradores con lo que finalmente acaban adquiriendo. El 46% empieza buscando piso, aunque finalmente lo compra el 55% (otros empezaron mirando chalets, etc.), según datos de Fotocasa. Respecto a los áticos, el 10% de los buscadores lo quería cuando empezó a mirar, pero sólo el 5% compra uno finalmente, según este portal inmobiliario.

Es más, el presupuesto del comprador español medio es de 166.000 euros, pero el precio medio de las viviendas en España es de 241.145 euros, señala un estudio de Century21, lo que significa que hay un desfase del 69% entre realidad y deseo.

 

Calidad y eficiencia energética

Otros aspectos que resultan cada vez más relevantes para los compradores son los materiales y las calidades, la eficiencia energética, un buen aislamiento acústico y dan mucha importancia a la luminosidad. Respecto a la eficiencia, los compradores demandan un mayor compromiso ambiental -quieren que sus viviendas consuman menos y generen menos emisiones-; y saben que pagarán facturas de gas y electricidad más baratas cuando las habiten. El 20% de los compradores buscan viviendas comprometidas con el medio ambiente, según un estudio de Casaktua.com.

Volviendo al mercado de nueva construcción, una buena distribución de espacios y las posibilidades que encuentran los clientes para modificar algunos aspectos de la casa antes de entrar a vivir, también suben en el ranking de cuestiones que hacen atractiva una vivienda. De hecho, cada vez más empresas ofrecen a los compradores la posibilidad de personalizar sus viviendas durante el proceso de construcción.

 

Comprar para alquilar la vivienda

Los intereses cambian en el caso de quienes compran una vivienda pensando en alquilarla, un mercado en crecimiento por su elevada rentabilidad, que puede llegar al 8%. El 25% de los compradores mayores de 55 años piensa adquirir una segunda residencia y el 19%, invertir, según Fotocasa.

En este caso, los compradores buscan, preferentemente, pisos en el centro de las grandes ciudades, o en zonas de la periferia que cuenten con buenas comunicaciones, servicios y dotaciones, según también Fotocasa. Los barrios próximos a grandes áreas empresariales y a universidades también registran una elevada demanda.

Según este portal, hay dos tipologías principales: las viviendas de uno o dos dormitorios, para un inquilino temporal, y de dos o tres dormitorios, para un cliente que permanecerá más tiempo. Los altos ejecutivos nacionales e internacionales forman una tendencia al alza; en su caso buscan pisos medios y grandes, amueblados y bien acondicionados, en zonas de alto standing.

 

Distintos países, gustos diferentes

Pero, para analizar qué hace interesante una vivienda, hay que tener presente también la nacionalidad de los clientes. Los ciudadanos extranjeros firmaron más del 13% de las compras de vivienda en España durante 2017 y el porcentaje se mantiene en ascenso sostenido en el primer trimestre de 2018, según datos de la Estadística Registral Inmobiliaria del Colegio de Registradores.

En su caso, suele tratarse de una segunda residencia con la vista puesta también en la rentabilidad de la inversión que realizan y se decantan más por zonas costeras. Las comunidades autónomas que recibieron una mayor compra por extranjeros el año pasado fueron: Canarias (el 31,4% de las viviendas que se vendieron en la región), Baleares (el 31,3% de las operaciones), Comunidad Valenciana (26%), Murcia (18,8%), Andalucía (13,8%) y Cataluña (12,9%).

De ellos, los británicos son mayoría (15%) -en retroceso como consecuencia del Brexit-, seguidos de alemanes (7,85%), franceses (7,64%), belgas (6,83%), suecos (6,57%) e italianos (5,77%), según el mismo estudio.

Si se analizan las hipotecas sobre vivienda, los ciudadanos extranjeros firmaron cerca del 7% durante el pasado año, también según los datos del Colegio de Registradores. El valor medio de sus operaciones fue de 128.452 euros -frente a la media de 117.243 euros de los ciudadanos españoles-, aunque varió mucho entre comunidades autónomas: desde los 244.148 euros en las Islas Baleares a los 141.699 euros en Andalucía, pasando por algo más de 155.000 euros en Madrid y 143.143 euros en Cataluña.

Por países, los alemanes firmaron las hipotecas más altas (234.102 euros de media), seguidos de alemanes (234.102 euros), noruegos (217.981 euros), daneses (192.990 euros), holandeses (181.429 euros), suecos (171.394 euros), británicos (166.968 euros) y franceses (153.987 euros).

Los compradores británicos se centran en la Costa del Sol y suelen elegir apartamentos. Los alemanes, además de la Costa del Sol, también buscan vivienda en las Islas Baleares, como destino en el que vivir tras jubilarse -casas cerca de la playa que estén bien comunicadas y con servicios hospitalarios en sus proximidades-; en su caso eligen espacios grandes y valoran mucho las calidades. El cliente francés es más habitual en la Costa Brava, por la proximidad, y, desde hace unos años, en Almería; compran tanto pisos como casas.

Los ciudadanos de países nórdicos están más diseminados entre la Costa Blanca, Costa Brava y Costa del Sol; en viviendas de mayor calidad que los anteriores; especialmente, casas en zonas residenciales. Los compradores rusos prefieren la Costa del Sol, Cataluña y Alicante; les gustan casas unifamiliares de lujo con una gran extensión de terreno.

Los ciudadanos rusos tienen fama de ser duros negociadores, aunque los chinos, un target que va en aumento, están considerados los “reyes del regateo”. Este cliente oriental presenta dos perfiles: por un lado, el que busca una vivienda habitual en grandes ciudades; no es tan exigente en calidades pero sí suele elegir una vivienda nueva o de poca antigüedad. En segundo lugar, empresarios chinos que quieren hacer negocios en Europa: con frecuencia, su objetivo es obtener el permiso de residencia -la llamada “Golden Visa”- al adquirir una o más viviendas de más de 500.000 euros; más de 41.000 extranjeros la han conseguido desde que entró en vigor este sistema, de los que dos tercios eran chinos y rusos. España es el destino preferido dentro de la Europa continental por los inversores chinos, principalmente, Barcelona. Una vez que logran el visado, estas personas pueden moverse por la Unión Europea para seguir realizando inversiones y más del 60% de ellos pone la vivienda en alquiler tras adquirirla.

 

La eficiencia energética de los edificios se ha convertido hoy en día en una prioridad para empresas y administraciones, en el intento de usar los recursos disponibles de una manera más sostenible. No en vano, el 18,7% de la energía que se gasta en España se consume en el ámbito residencial, según datos del IDAE, organismo del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. El 47% de ese consumo en España está provocado por la calefacción, según este organismo, aunque un estudio de Eurostat eleva ese porcentaje al 65% en el ámbito de la Unión Europea al completo.

Es complicado mejorar esta situación sobre la vivienda antigua, ya que se estima que, de los 9,7 millones de edificios residenciales que hay en España, el 95,8% no cumplen las exigencias aconsejables de eficiencia energética, también según el IDAE. Sólo el 4,59% se construyó conforme al Código Técnico de la Edificación de 2007; mientras que el 39,1% se hizo según la legislación básica de 1979; y el 56,31%, debido a su antigüedad, sin atender a ninguna normativa de ahorro de energía.

Al menos, la legislación en vigor para edificios de nueva construcción, tanto en España como en el resto de Europa, tratan de reducir el consumo de energía, manteniendo la misma calidad de vida y el mismo confort de la personas.

Junto a la normativa, la concienciación cada vez mayor de la ciudadanía también fomenta la construcción de edificios que tiendan a un nivel de eficiencia energética máximo y un consumo nulo o muy bajo. Así, empiezan a ser frecuentes edificaciones autosostenibles, realizadas con materiales que mejoran su aislamiento térmico y que utilizan al máximo energías renovables y alternativas naturales que no provocan consumo eléctrico ni de otras fuentes de combustibles fósiles para la calefacción, refrigeración o iluminación de las viviendas y zonas comunes.

Las constructoras y promotoras más avanzadas se están volcando en incorporar innovación a su trabajo de cara a minimizar el consumo de energía, agua, etc., y reducir las emisiones.

 

Pequeño diccionario sobre eficiencia energética

En la práctica, esto se traduce a veces en un laberinto de términos en folletos e información promocional de las viviendas, de manera que los posibles compradores no tienen claro qué significa lo que una empresa les está ofreciendo cuando van a comprar una casa y qué ventajas puede tener.

Para intentar poner un poco de orden:

Aerotermia. Energía térmica que se obtiene del aire caliente, a través de una bomba de calor. Esta máquina extrae hasta el 77% de la energía del aire, de modo que sólo el 23% restante lo obtiene a través de electricidad.

 

Agua caliente sanitaria (ACS). Está bastante extendido el uso de estas siglas, aunque muchas personas no saben que se refiere al agua potable caliente que se utiliza para baños, ducha, lavado, fregado, etc. Generalmente, la expresión “ACS” aparece en el material promocional de las viviendas indicando cómo se obtiene ese agua (a través de calderas de gas, eléctricas, energía solar, etc.).

 

Aislamiento térmico. Este concepto está relacionado con la resistencia térmica de los materiales o su dificultad para transmitir la energía. Cuanto mayor es esta resistencia mejor es el aislamiento térmico que ofrecen.

 

Arquitectura bioclimática. La arquitectura bioclimática aprovecha las condiciones climáticas del entorno de una edificación para minimizar su consumo energético y su generación de emisiones, reduciendo la necesidad de iluminación artificial, y maximizando la utilización de materiales más eficientes. Realizar un estudio bioclimático previo al diseño ayuda a definir los condicionantes que favorecen una construcción que tienda al “consumo cero”.

 

Biomasa. La biomasa consiste en la utilización de la materia orgánica como fuente de energía. Su uso se ha extendido en el ámbito residencial, con aplicaciones térmicas a través de calderas, estufas o chimeneas. Presenta ventajas potenciales cuando se produce y utiliza de manera sostenible, ya que se obtiene de residuos (madera, huesos de aceituna o cáscara de frutos secos). Pero diversos estudios indican que su uso como combustible genera emisiones de elementos contaminantes como dióxido de nitrógeno, partículas en suspensión, dióxido de azufre e hidrocarburos.

 

Bomba de calor y frío. Máquina térmica capaz de tomar calor -o frío- de un espacio y transmitirlo a otro. Utiliza básicamente la aerotermia, aunque también puede aprovechar la geotermia. Como calefacción, toma el calor del aire exterior y lo transfiere al interior; cuando refrigera, extrae calor del aire interior y lo expulsa al exterior. De este modo, aportan aire caliente en invierno, frío en verano, y agua caliente durante todo el año (un equipo de aerotermia puede aportar calefacción a través de aire, radiadores y suelo radiante). La calefacción por aerotermia puede ser hasta un 25% más barata que la obtenida con gas y consume un 30% de la energía que necesitarían los radiadores eléctricos convencionales.

 

Calificación energética de edificios. Igual que con los electrodomésticos, hay que poner atención en la calificación energética de la vivienda que se esté comprando o alquilando. Especialmente, con el mercado de segunda mano. Cuanto mayor sea la eficiencia, menor será la factura mensual de energía, comparado con una vivienda de similar tamaño.

La administración emite los certificados a través de empresas acreditadas. Esos certificados miden las emisiones de CO2 que genera un edificio o vivienda, así como el consumo de energía primaria no renovable que necesitarán sus ocupantes al año en unas condiciones normales de funcionamiento. Tiene en cuenta aislamientos, calidad de materiales, o diseño, entre otras variables.

El grado de eficiencia se define mediante letras y colores, siendo “A” el mejor y “G” el menos eficiente y el que tendrá un mayor consumo de electricidad, gas, etc. Expresado en euros, si la factura energética media de un tipo de vivienda es de 100 euros al mes, se reduciría a 60 euros en una vivienda con calificación A y subiría a unos 135 euros en una del nivel G.

Esta etiqueta tiene que aparecer en todos los elementos promocionales de venta o alquiler.

 

Geotermia. Es un tipo de energía renovable que se obtiene mediante el aprovechamiento del calor natural del interior de la tierra. Puede utilizarse tanto para calefacción como para refrigeración; generalmente, a través de una bomba de calor geotérmica, que aporta aire caliente en invierno, frío en verano y agua caliente durante todo el año. En realidad no produce calor, sino que lo transfiere de un ambiente a otro, según haga falta.

 

Masa térmica. Es la capacidad que tienen los materiales de acumular y liberar calor en ciertos momentos de cada día, tanto la cantidad que absorben como la velocidad a la que lo toman y lo pierden. Se refiere a fachadas, suelos, paredes, techos, etc. y está relacionada con su densidad: cuanto mayor es la densidad, más elevada su masa térmica -tiene más capacidad de acumular calor-.

En un espacio de trabajo, generalmente, la mayor carga térmica se produce durante las horas centrales del día. Externamente, el sol incide en la fachada con más intensidad; e internamente, hay más personas, máquinas que generan calor, más iluminación, etc.

Aprovechar ese desfase entre interior y exterior, así como su amortiguación, favorecen que un edificio mantenga condiciones confortables ahorrando consumo energético.

Cuando se analiza una construcción también hay que tener en cuenta la inercia térmica, que es su capacidad de mantener unas condiciones de confort aislando el interior de las condiciones exteriores. Así, un edificio con gran inercia térmica ofrece variaciones de temperatura moderadas.

 

Passivhaus. Este estándar genera edificaciones con un gran aislamiento térmico, aprovecha la energía que genera el sol para lograr una mejor climatización, busca optimizar la calidad del aire interior, así como el control de las infiltraciones. Con todo ello, se sitúa en la máxima eficiencia energética (Clase A) y reduce el consumo energético destinado a calefacción y refrigeración hasta en un 60% respecto a una construcción convencional.

El estándar Passivhaus está relacionado con la optimización de los recursos a través de técnicas pasivas, pero no implica la utilización de productos, materiales o estilos concretos. Para lograr la certificación Passivhaus, los edificios tienen que cumplir con unos requisitos establecidos en cuanto a demanda de calefacción, refrigeración, energía primaria y hermeticidad.

 

Recuperador de calor. También llamado intercambiador de calor a contracorriente, recupera la energía que se utiliza para climatizar un espacio, donde el aire interior está caliente en invierno y frío en verano. Los recuperadores aprovechan un porcentaje muy alto de la energía residual de ese proceso de expulsar aire caliente o frío al exterior de un edificio o local, que de otro modo se perdería. Genera un ahorro considerable, ya que precalienta o enfría previamente el aire exterior en el recuperador, disminuyendo el gasto en climatización, a la vez que mantiene un aire limpio y saludable, renovándolo de manera constante.

 

Sistema de ventilación mecánica controlada (VMC). Se utiliza tanto para ventilar espacios en los que no es posible hacerlo abriendo las ventanas o para reducir pérdidas de energía al renovar el aire de ese lugar. Un sistema de ventilación mecánica controla el caudal de aire renovado según las necesidades de cada momento -teniendo en cuenta temperatura, humedad, etc.- y recupera parte de la energía generada al expulsar el aire interior, reduciendo el consumo. Por ejemplo, ahorra hasta un 25% en calefacción cuando se utiliza en los meses de más frío del año, frente a un sistema tradicional abriendo las ventanas durante un tiempo cada día.

 

Suelo radiante. Es un sistema de calefacción a través de agua caliente mediante pequeñas tuberías que se colocan bajo el suelo. Esto se puede lograr tanto con calderas, con energía solar o con una bomba de calor. Otra alternativa es la colocación de un sistema de resistencias bajo el suelo, de manera que se alimente por electricidad. La factura, frente a los radiadores eléctricos, puede ser el 20% más económica.

 

Sistema District heating & Cooling. Es un sistema centralizado de producción de calor y frío aprovechando el vapor que genera la combustión de residuos (biogás, biomasa, sistemas de condensación o sistemas de cogeneración). Los sistemas district heating se usaron inicialmente para abastecer distritos o barriadas, y se está empezando a aplicar a la red de viviendas que componen una promoción grande, ofreciendo calefacción, aire acondicionado y agua. Se compone de diversos circuitos diferenciados de agua caliente y fría. Además, necesita mucho menos espacio dedicado a estas cuestiones: las calderas de cada vivienda se sustituyen por una sala técnica común en donde se intercambian el calor y el frio entre el agua del circuito externo -que comparten varios edificios- y la del circuito interno.

 

Buenas prácticas

Por su parte, ACR Grupo, aplica técnicas de eficiencia energética en todas sus promociones, tanto en el diseño de los edificios y de cada vivienda, materiales, dispositivos, etc. Además, la compañía ha editado la Guía para el uso responsable de la energía en el hogar, un manual de fácil aplicación que sintetiza numerosos consejos prácticos para reducir el consumo en: calefacción, refrigeración, ventilación, luz, agua, electrodomésticos y aparatos electrónicos.

Ignacio Luengo, nuestro Director de Operaciones, destaca en la 26, la economía circular como motor de creación de empleo, fuente de ahorro y de nuevos ingresos.

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Ignacio Luengo, nuestro Director de Operaciones, destaca que este año veremos grandes avances normativos en esta materia. Concluye que “la reducción del consumo energético en la edificación y el incremento en la utilización de fuentes de energía renovables son la clave para garantizar el aumento de la sostenibilidad y la calidad de vida asociada a la edificación. Para conseguirlo será fundamental un correcto y adecuado diseño de los edificios, pero, sobre todo, un control exhaustivo de la ejecución y la incorporación de nuevos materiales, productos y sistemas de construcción”.

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Las principales urbes del planeta llevan décadas creciendo, siglos en su mayor parte, y han ido respondiendo con mayor o menor acierto a los retos a los que se iban enfrentando. Redes de abastecimiento de agua, de saneamiento y alcantarillado, calles y carreteras, medidas para mejorar el aire que respiran sus habitantes, etc.

Esa tendencia humana de concentrarse en ciudades sigue en aumento. El 54% de la población mundial era urbana en 2015 (con cerca de 7.000 millones de personas en el planeta) y el porcentaje subirá más del 70% en 2050, cuando haya más de 9.100 millones de seres humanos.

Pero, si no se toman medidas con urgencia, esto se traducirá en un incremento inasumible de las necesidades de consumo energético, una contaminación que ya es irrespirable en algunos de estos lugares, desesperantes dificultades de movilidad, etc.

Las ciudades tienen que responder a estos desafíos con una nueva manera de gestionar los recursos y de buscar sostenibilidad. Este planteamiento debe abarcar muchos ámbitos: social, económico y medioambiental. Las tecnologías de la información y las comunicaciones existentes facilitan esa transformación que requieren las grandes poblaciones, con el trabajo conjunto de ciudadanos, empresas y administraciones.

Con el apoyo del Big Data

Las urbes más avanzadas de todo el planeta están dando pasos muy rápidos para adelantarse a ese escenario de 2050 y han abordado distintos proyectos innovadores que les permitan mejorar la eficiencia de sus infraestructuras y prepararse para crecer y cambiar en la medida en que lo hagan las necesidades de su población. Son las smart cities.

Hoy, por ejemplo, es posible recopilar todo tipo de datos, en tiempo real, sobre el funcionamiento de una ciudad, y analizarlos para que los gestores puedan tomar mejores decisiones. El internet de las cosas (IoT), que permite conectar el mundo físico en todo tipo de aparatos y dispositivos, combinado con el análisis del Big Data, abre grandes oportunidades. Sólo es necesario aplicar inteligencia sobre la información, para extraer datos relevantes, y voluntad de convertirlos en mejoras para la mayoría de la población, siempre dentro del uso sostenible de los recursos.

Hay algunos ejemplos punteros que marcan la tendencia en el ámbito de las smart cities en todo el mundo. Por citar sólo tres: el despliegue de tecnología NFC (Near Field Communication) en Tokio; el proyecto de “luz inteligente” en Ámsterdam, un alumbrado público que consume menos energía que el convencional; o a la inmensa red de sensores en Singapur conectados a Internet que recopilan datos en tiempo real para detectar riesgos de inundación en los desagües, evitar atascos, ofrecer información sobre el transporte público, analizar la calidad del aire, encontrar un parking libre, etc.

En España se ha puesto en marcha una Red de Ciudades Inteligentes creada por el Estado. No existe una iniciativa parecida en ningún otro lugar. Con una inversión próxima a los 200 millones de euros, esta Red, que engloba a cerca de 80 municipios, está ayudando a difundir mejores prácticas, conocer nuevas políticas de éxito y a impulsar una digitalización “ecointeligente” que está llevando a España a situarse entre los países más avanzados en este terreno de las smart cities. Barcelona, Madrid, Málaga, Santander, Valencia, Bilbao, Sevilla o A Coruña cuentan ya con proyectos punteros en este sentido.  Y la tasa de penetración de móviles en España, una de las más altas del planeta, colaborará para que las iniciativas que se están poniendo en marcha surtan efecto.

Construir sostenibilidad

El sector de la construcción tiene mucho que aportar para lograr entornos urbanos más sostenibles y eficientes. Se estima que las ciudades son responsables del 75% del gasto de energía mundial y generan el 80% de los gases responsables del efecto invernadero.

Por eso hay que fomentar el uso de elementos arquitectónicos de vanguardia e infraestructuras dotadas de soluciones tecnológicas avanzadas, que aumenten la calidad de vida de una ciudadanía cada vez más exigente.

En este nuevo entorno hay que construir edificios que tiendan a un consumo cero de energía. Esto se consigue, para empezar, con edificaciones autosostenibles, capaces de autoabastecerse utilizando los recursos del área en la que se ubican. El uso de la energía solar o la masa térmica y un estudio bioclimático de la zona permiten crear un sistema en el que la calefacción y refrigeración se alimentan de la energía que absorben, sin consumir recursos adicionales.

Además, los materiales juegan un papel fundamental en este proceso. La tendencia debe orientarse hacia un modelo en el que se proyecte el uso y el comportamiento de cada edificio en el futuro, incluyendo los sistemas necesarios para aislar, aprovechar el sol, contabilizar el consumo de electrodomésticos, etc.

Otro elemento importante es el diseño, que estudia detalles fundamentales como la colocación de ventanas, distribución de espacios, orientación, iluminación natural, etc., para minimizar el gasto energético.

Protagonismo de la rehabilitación

Para reconvertir las grandes urbes en ciudades sostenibles también es necesario conceder un protagonismo esencial a la rehabilitación: España tiene 1,6 millones de construcciones por rehabilitar energéticamente. Si más del 30% de la energía que se consume en el país viene derivada de la edificación, según los datos de Ciemat, hay que esforzarse en mejorar las condiciones de los edificios ya existentes.

Fachada, aislamiento, carpintería… son muchos los elementos que deben formar parte de las actuaciones de mejora y mantenimiento que necesitan las infraestructuras. Primero, porque no es posible ni deseable borrar y crear desde cero las ciudades. En segundo lugar, porque el compromiso para adaptar la sociedad y avanzar hacia las exigencias que plantea el futuro debe involucrar al conjunto de la población. Que el comportamiento sostenible de todas las personas logre que España sobresalga en este entorno avanzado.

El ahorro energético es uno de los conceptos “novedosos” que se ha extendido entre la ciudadanía en los últimos años. Resulta lógico, ya que la electricidad se encareció un 83,2% entre 2003 y 2015 para el consumidor medio doméstico, según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Eso son muchos euros al cabo del mes para cada presupuesto.

La subida de la factura de la luz sigue en aumento y alcanza el 18,2% en el último año según ha calculado la organización de consumidores FACUA.

Así que, llegados a esta calurosa primavera, que registra niveles de canícula, conviene extremar el cuidado en el hogar para que los próximos recibos no se disparen.

Por eso ACR Grupo ha editado una Guía para el uso responsable de la energía en el hogar, de fácil aplicación para cualquier persona. Seguir las recomendaciones de este manual supone un enorme ahorro en la factura energética de una vivienda en refrigeración, ventilación, luz, agua, electrodomésticos y aparatos electrónicos, entre otros. Estos consejos permitirán mantener el confort cotidiano sin necesidad de hacer apenas sacrificios a cambio.

 

Como humo se va

El 35% de la energía que se consume en un hogar es eléctrica, según el IDAE, organismo del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Así que es necesario identificar dónde se nos va el dinero cuando llega el calor: el aire acondicionado, por ejemplo, puede aumentar hasta en un 30% la factura de electricidad de una vivienda.

Cuando se pone en marcha el aire acondicionado hay que cerrar puertas y ventanas para evitar fugas y que sea más eficaz, programando el sistema para que mantenga las habitaciones entre 23 y 25 ºC, con lo que se consigue una temperatura equilibrada y confortable. Cada grado que se intente reducir supondrá un incremento de alrededor de un 8% en el consumo. También hay que realizar un mantenimiento adecuado, con limpieza anual de filtros, lo que mejora el rendimiento del equipo.

En este sentido, conviene recurrir a la ventilación natural siempre que sea posible, aireando la casa por las noches y evitando el mediodía.

Si el calor arrecia y hay que recurrir a un aparato, los ventiladores reducen la sensación térmica entre 3 y 5 ºC y su consumo eléctrico es un 80% menor que el del aire acondicionado.

Para aclimatar mejor el hogar hay soluciones tradicionales tan útiles como los toldos, que reducen hasta un 60% la demanda de refrigeración en los meses de verano. También es aconsejable bajar las persianas durante el día; al menos, en aquellas ventanas en donde incida el sol, ya que mejoran el aislamiento.

 

Ahorro en electrodomésticos

Igual que resulta caro reducir la temperatura en el hogar, cada grado de menos en el frigorífico supone un aumento del 5% del consumo de electricidad. Para un correcto funcionamiento y consumo óptimo, el refrigerador debe estar a 5 ºC y el congelador a -18 ºC.

Su colocación también es importante: nunca debe estar cerca de focos de calor como ventanas, hornos o cocinas, porque su consumo aumentaría un 15%. Otro “truco” es abrir la puerta sólo lo necesario, para evitar pérdidas de frío que obliguen al aparato a consumir más, igual que no introducir comidas que estén aún calientes.

Un dato importante más a tener en cuenta cuando se va a comprar un electrodoméstico es el etiquetado energético, ya que indica si consumirá más o menos. Por ejemplo, un frigorífico A+++, el más eficiente, ahorra un 60% en comparación con un aparato de gama media, unos 450 euros/año.

Una duda muy común es si conviene apagar del todo las pantallas y los dispositivos electrónicos. Claramente sí hay que apagarlos por completo desde el botón de encendido del propio aparato. Mantenerlos en stand by (apagarlos desde el mando a distancia o dejarlos en reposo) puede llegar a suponer un total del 10,7% del consumo energético de la vivienda. Además, pueden contribuir a aumentar la temperatura en las habitaciones en donde se encuentren.

 

Un chorro de dinero

Sin ser tan relevante para el presupuesto familiar, el recibo del agua también ha subido en España, de manera que hay que tener más cautela a la hora de refrescarse. Para empezar, el caudal óptimo de un grifo debe ser de 6 litros por minuto. De este modo se ahorra hasta un 60% en el consumo de agua. Es muy sencillo instalar reductores de caudal y existen actualmente en el mercado diferentes opciones para todos los grifos de la vivienda.

Igual que el resto del año, utilizar la ducha en lugar de bañarse puede suponer un ahorro de un 50% en cada uso. La ducha debe durar aproximadamente 5 minutos y consumir 60 litros de agua. La temperatura óptima del agua debería rondar los 30ºC (agua templada).

También hay que prestar atención a las pérdidas. Una gota de agua por segundo se convierte en 30 litros al día (aproximadamente un 15 % del consumo diario de una persona).

Y hablando de agua, otra aclaración: el lavavajillas consume menos agua que el lavado a mano. Hay que elegir el programa económico -ahorra agua y energía- y usar sólo cuando esté lleno; a ser posible, con agua fría, ya que calentarla supone aumentar el consumo en 0,10 euros por cada litro.

Hay muchos más consejos en la Guía para el uso responsable de la energía en el hogar. Recordemos que España importa más del 80% de la energía que consume (el 100% del uranio y más del 95% del petróleo y del gas), según Eurostat. Y el 18,7% de la energía que se gasta en España se consume en el ámbito residencial, según datos del IDAE.

Ahorrar energía, además de ayudar a la economía doméstica, también es una de las maneras más eficaces de colaborar a un desarrollo sostenible. Cada persona debe tomar las medidas que están a su alcance para preservar la buena salud del planeta.